Caso 3. “Nos estamos amariconando…”

Compartieron abrazos, saltos, abrazos, manos en la nuca, abrazos,…No, no, no son futbolistas…., y así, durante, más de quince minutos…, y yo sin poder grabarlo en el móvil, porque me quedé sin capacidad. Ese fue el cierre y colofón de la formación.

La directora general de una gran multinacional, nos pidió que le ofreciéramos herramientas y formación para motivar a su equipo; a pesar de, que eran los primeros a nivel europeo en su ranking.
¡Ole, ole y olé para ella¡, por el anticiparse a posibles cambios de rumbos en sus objetivos profesionales, respecto a su capital humano.

Y comenzó la formación del segundo turno, y uno de sus participantes alegó que posiblemente, no vendría por la tarde; que él no estaba dispuesto a contar su vida a nadie.
De repente, ese mismo hombre al mediodía, nos estaba invitando a su “jefa” y a mí, a comer en el restaurante donde él comía y dónde le servían sus mejores manjares, porque él es diabético y sabe como cuidarse.

A través de la metodología del coaching y de la inteligencia emocional, descubrió que podía equivocarse como cualquiera. S., reprochaba a P. que el primer día cuando llegó a la oficina le presentó a todo el mundo y le facilitó su despegue en el comienzo de su andadura profesional de modo más fácil, por lo que las relaciones públicas que tanto le costaban, las puso a punto para él. Y, al día siguiente, ni le miró cuando le saludó; por lo que olvidó su faceta protocolaria organizacional durante mucho tiempo. Y su cara se agrió, así como su semblante.

P., le dijo que durante más de veinte años!!!, no le había visto, pero que no le creía, qué sabía que no se lo creía, pero no sabía que hacer más.
Su cara de pillo y c…cete, le delataba,… pero, parecía ser … que era cierto, no le había visto.
Y si no lo era, en esos instantes ya le había pedido disculpas en público delante de todos sus compañeros. Que ya era mucho pedir…
En contraprestación, S. de cincuenta y tantos largos de edad, le dijo, que pondría todo de su parte, para comprender que no siempre tendría razón.

Y es que, a veces, sentimos cosas que su fundamento se ha perdido en el tiempo, y que se ha ido enraizando por nimiedades, que cual madeja de hilo se ha ido enredando y cuya paciencia, se la quedó enterita la abuelita de los Lunny Tunnes.

Al mismo tiempo, J. le dice a V. que le echa de menos porque ya no quedan después del curro para tomarse su cervecita. J. se encuentra mal, vive con su madre enferma en la actualidad y V. está divorciado, viviendo solo con su hijo mayor de edad, pero sin ganas de salir… J. le replica que es un soso, y que le hecha de menos…De repente, se vislumbró caras de felicidad en ambos, caras de expresar: “¡Importo a alguien!”. Ahora entiendo a mi hijo cuando dice:”¡Qué importa!”.
Ya lo creo que importa!, hasta tal punto, que hay huecos que deseamos rellenar y no sabemos como, teniéndolo tan a mano y tan fácil…

En la misma acción se encontraba M., llevaba poco tiempo en el equipo. Le contrataron por juventud y por sus ganas de cambiar las cosas y no callarse…Pobrecillo…, le costó caro… Un toque de atención por parte de su responsable y de la dirección. No quiso volver a hablar más.
Los miedos envolvían ese misterio. Unos, se preguntaban porqué un chavalín tenía que enseñar a los dinosaurios los confines de sus tierras, y el otro, se preguntaba porqué no cambiar algunas cosas para ganar en operativa. A continuación, uno por uno a “chivarse”, como en el cole: “pero, ¡de qué va éste!…”, y bla bla bla,…

M., quería casarse pero dependía de un hilo su renovación. ¿No se le había ya castigado bastante por ser como era…? Y eso fue lo que les dije, agacharon sus cabezas, las levantaron y asintieron; a continuación cambiaron sus rostros, una piedra de su mochila se les cayó por el camino, aunque todos permanecieran sentados. Y M., aprendió a no tener que pedir asentimientos de afirmación a cada paso que daba, para querer ganarse la confianza de sus compañeros, porque lo que conseguí era todo lo contrario.
Se levantaron, y uno a uno, se fueron dando abrazos y sonrisas mutuas. ¿Suena a culebrón? Pues fue así, y chicos…. cuando lo leáis, vosotros sabéis que fue así como sucedió.

Hay más historias por medio, pero esas las dejo para más adelante. De momento os dejo con sus abrazos, más abrazos,…. Y no me toques el c…lo, m…cón!.
A fecha de hoy, en su departamento se respira eso….

Y yo te pregunto: ¿Cuántas cosas tienes pendientes en el debe y cuántas en el haber?¿A qué esperas para equilibrar tu balanza?